¿Qué es la felicidad?

¿Qué es la felicidad?

El intento de responder a esta pregunta puede parecer pretencioso, porque incluso a quién formula la pregunta se lo parece. Desde el inicio de la civilización  nuestros más ilustres filósofos y pensadores se han planteado cientos de respuestas que no han podido cerrar ni el debate ni la reflexión tanto personal como colectiva sobre esta cuestión.
Por otra parte, algunos autores consideran que la felicidad es un constructo tan escurridizo que su estudio siempre quedará vetado para la ciencia. Si observamos la definición del término “felicidad” en el Diccionario de la Lengua Española, su primera acepción es: “estado de grata satisfacción espiritual y física”. Un significado que recoge la forma mayoritaria y tradicional de entender la felicidad en nuestra cultura y que la convierte en un estado ideal y, por ello, imposible de alcanzar. Curiosamente, con esta definición nadie podría definirse como una persona feliz y sólo podríamos describir nuestra felicidad en términos retrospectivos  o presentes es decir acotar en el tiempo un momento de felicidad.
La realidad es bien diferente y la mayoría de las personas se considera feliz.
Los investigadores sobre Psicología Positiva han consensuado que para una definición operativa del concepto de felicidad necesitamos de tres componentes claves:

  • Experiencias de afecto positivo frecuentes (alegría, placer, amor);
  • Experiencias de afecto negativo infrecuentes (tristeza, ansiedad, dolor);
  • Altos niveles de satisfacción vital, entendido como la evaluación cognitiva
    global de cómo valora su vida una persona.

¿Es posible aprender a ser feliz?


Existe la idea preconcebida de que los cambios en la mejora de la felicidad de las personas son sólo temporales y fútiles. Esto se fundamenta en tres evidencias (que aun siéndolo, están incompletas):

  • Los genes determinan nuestro nivel característico y estable de felicidad.
  • Las dimensiones de personalidad son estables a lo largo del ciclo vital;
  • Nuestra capacidad de adaptación hedónica hace que nos acostumbremos con rapidez a lo novedoso.

La Psicología Positiva considera este análisis como incompleto y plantea que la mejora en el estado de ánimo estaría determinada por la combinación de los aspectos genéticos y de personalidad, los circunstanciales y los intencionales. Estas tres grandes dimensiones se distribuirían de la siguiente manera:

  • Los genes. Supondría aproximadamente un 50% de la varianza y refleja características de personalidad muy estables como por ejemplo extraversión o neuroticismo.
  •  Las circunstancias. Variables sociodemográficas como raza, sexo, edad, ocupación, nivel socioeconómico sólo aportan un 10% de la varianza.
  • La actividad intencional. Es una categoría muy amplia ya que supone las acciones concretas en las que nos implicamos de forma voluntaria. Estas actividades darían cuenta del 40% de la varianza y permiten un espacio extenso para el cambio y la mejora de nuestro estado de ánimo .

No se trata de lo que somos , se trata de gestionarlo de la manera más adecuada para obtener el máximo beneficio, se trata de lo que hacemos.

La actividad intencional es nuestro terreno de trabajo, ya que es la dimensión sobre la que podemos, desde la Psicología Positiva, incrementar y mejorar el bienestar personal. En especial, sobre cómo el uso inteligente de las emociones en diferentes  contextos es una habilidad imprescindible para desarrollarnos y vivir de manera positiva.

Sin pretender alcanzar lo inalcanzable, podemos intentar mejorar aquello que poseemos y aprender a  controlarlo.


Desde este enfoque trabajamos ofreciendo servicios como la ATENCIÓN PSICOLÓGICA, LA MEDIACIÓN Y LA FORMACIÓN/ORIENTACIÓN  CON TALLERES INFANTILES Y ADULTOS.

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