Errores a evitar en la educación

Errores frecuentes en la educación de nuestros hijos

 

Educar a nuestros hijos es mucho más que tener en cuenta sus estudios y sus necesidades materiales, implica fomentar la responsabilidad, el amor propio y la autonomía.

Es común que escuchemos la típica frase “nadie nos enseña a ser padres” y es completamente cierta, sobre todo porque cada niño es distinto y las recetas no sirven. Sin embargo, conocer algunos de los errores frecuentes en la educación de nuestros hijos puede impedir que los cometamos.

En ocasiones es el miedo a equivocarnos lo que hace precisamente que nos equivoquemos: la presión de nuestro entorno puede ser muy grande en este sentido. Por eso, es necesario un cambio de perspectiva, la puesta en valor de un punto que reside entre hacerlo todo bien y no hacerlo del todo mal, identificando y corrigiendo los errores frecuentes en la educación de nuestros hijos.

La necesidad de darles a nuestros hijos herramientas para el futuro con la esperanza de que este sea fantástico es una consecuencia de querer que los hijos sean genios, aunque haya que pagar un precio muy alto. Esto lleva a muchos padres a sobrestimularlos desde pequeños, llenar su horario de actividades o proponerles metas sin descanso, invirtiendo todos los esfuerzos en una sola faceta de la vida.

Querer lo mejor para ellos no equivale a querer que sean genios y sobreestimularlos materialmente, “El mejor estímulo es descubrir cosas nuevas y desarrollar sus intereses":

“Largo es el camino de la enseñanza por medio de teorías; breve y eficaz por medio de ejemplos”.

-Séneca-

Querer genios también implica que nos impacientemos ante las primeras dificultades y a veces achacamos algunos tropiezos a circunstancias ajenas a las que realmente influyen en este proceso. La autoestima tiene un papel fundamental en los resultados escolares. A veces esta sobrexigencia incide negativamente sobre su autoestima.

La finalidad de la educación es el pleno desarrollo de la personalidad integral del individuo. Focalizar toda la importancia de la educación en las competencias cognitivas puede provocar problemas como índices elevados de fracaso escolar, dificultades de aprendizaje, estrés ante los exámenes, abandonos en los estudios universitarios, etc. Estos hechos provocan estados emocionales negativos, como la apatía o la depresión. Todo ello está relacionado con deficiencias en la madurez y el equilibrio emocional.

En el Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI. La Educación encierra un tesoro (Delors, et al. 1996) señala que para hacer frente a los nuevos desafíos del siglo XXI se hace imprescindible asignar nuevos objetivos a la educación, y por lo tanto modificar la idea que se tiene de su utilidad. Con objeto de cumplir su misión, la educación debe organizarse en torno a cuatro pilares:

Aprender a conocer.
Aprender a hacer
Aprender a vivir juntos
Aprender a ser.

Las dos primeras facetas se desarrollan en la escuela principalmente, aunque los padres también tenemos la responsabilidad de participar en ellas. Pero es en las dos últimas donde realmente tenemos que trabajar desde casa y participar activamente con nuestros hijos.

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